Opinión

‘Parlem’

0

Ni Esquerra va a abandonar la retórica independentista, ni Torra va a devenir un líder responsable

Durante los Gobiernos de Rajoy se celebraron en Cataluña dos consultas ilegales, se declaró la independencia y cuatro políticos se fugaron de la justicia. Los tribunales hicieron su trabajo y nueve personas están privadas de libertad por quebrantar la ley. La división social y la degradación de las instituciones del autogobierno catalán son la herencia que ahora tienen que gestionar. El independentismo conserva hoy a los presos como única argamasa, pero sus estrategias se han bifurcado de forma evidente, aunque la proximidad de unas elecciones autonómicas unifique los discursos. Y se han bifurcado en el momento clave de aceptar las reglas o volver a ignorarlas.

Tras el otoño separatista, en Madrid —en todos los madriles— se suspiraba porque Junts per Catalunya y ERC —o al menos uno de ellos— asumiera que la unilateralidad es un camino sin salida. Aquel escenario deseado por todos es el que parece dibujar Esquerra, a pesar de toda la desconfianza acumulada en el tiempo. Solo quienes encontraron, a un lado y otro, la fuente de su supervivencia en votos pueden rechazar que, llegados a este punto, se exploren vías para tratar de salir del bucle que tiene a Cataluña sin Gobierno y al resto de España entre el hartazgo y el sobresalto. Solo quienes adornaron con una épica salvapatrias el dramático relato de lo que pasó necesitan seguir magnificando cada una de las piedras y pedruscos con los que se tropezará en el camino. Sánchez y Torra se verán el 6 de febrero. La penosa encarnación de la figura del president de la Generalitat de Cataluña que representa Torra corresponde juzgarla en las urnas a los catalanes, y hasta que el Tribunal Supremo confirme o no la inhabilitación como diputado por desobediencia que tiene pendiente. Hoy sigue siendo el president por más que sea un activista que ignora a la mitad de su población y haya despojado de cualquier referencia institucional un cargo por el que generaciones de catalanes suspiraron y pelearon.

Ni Esquerra va a abandonar la retórica independentista ni Torra va a devenir en líder responsable. Ni el Gobierno de España debería disfrazar la delicadeza, dificultad y necesidad de transparencia del camino que se dispone a emprender. Parlem, decían las pancartas blancas que aparecieron en Madrid cuando las banderas ahogaron la racionalidad. Dos años, mucho sufrimiento y mucha desconfianza después, no queda otra que intentarlo. @PepaBueno

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Les nacerán monstruos

Previous article

‘Transnistria’ (3/6)

Next article

You may also like

Comments

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

More in Opinión