Opinión

Mentiras, medias verdades y subterfugios

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Vox no ha explicado la afirmación de que hay “52.000 inmigrantes ilegales” en Andalucía

Una de las claves del éxito de los políticos populistas es su capacidad para que los mensajes calen en la sociedad. Da igual que sean verdaderos o falsos. Lo importante es que sean sencillos, contundentes y tengan un barniz de aparente credibilidad. Se ha visto en el referéndum del Brexit o en la campaña electoral de Donald Trump. Los especialistas en manipulación, con el incomparable apoyo de las redes sociales, lanzaron proclamas que impactaron en el corazón del votante. Nigel Farage, adalid de la salida de Reino Unido de la UE, no tardó en reconocer que la promesa de que la aportación de 350 millones de libras semanales al presupuesto de Bruselas irían a financiar la sanidad pública era una pura invención. No un error o un equívoco, sino una mentira consciente y cuidadosamente construida. Otro tanto puede achacársele a Trump. “Miente sobre estadísticas como la tasa de desempleo y la tasa de homicidios. Miente sobre política exterior: el presidente Obama es “el fundador del ISIS”. Pero sobre todo, miente acerca de sí mismo, y cuando las mentiras salen a la luz, se limita a repetirlas”, explicaba el premio Nobel de Economía Paul Krugman.

Es sabido que aunque una mentira se repita muchas veces no se convierte por ello en una verdad. En las últimas semanas, el partido Vox ha reiterado hasta la saciedad que la Junta de Andalucía encubre la inmigración irregular. “Posee la documentación necesaria para la expulsión de 52.000 inmigrantes ilegales y no la comparte con la policía”, ha expuesto la formación ultraderechista sin explicar la fuente de la que ha obtenido tales datos. Una vez firmado (por fin) en pacto con el PP, tal vez los dirigentes de Vox sigan el ejemplo de Farage y confiesen de dónde se han sacado esos supuestos 52.000 inmigrantes irregulares.

Intentar maquillar la realidad, cerrar los ojos ante la evidencia o usar subterfugios son tentaciones demasiado comunes entre los políticos. Desde el “bichito” de la colza hasta los “hilillos de plastilina”, pasando por los “brotes verdes”, los dirigentes se esfuerzan en edulcorar el lenguaje para hacer más digerible la realidad. Esta es también una manera de engañar a los ciudadanos. Al público, y por supuesto a los medios de comunicación, les toca desvelar las mentiras deliberadas y las medias verdades malintencionadas.

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