Opinión

Insultar a los jueces como algo natural

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Me preocupa la salud de nuestra democracia

El Gobierno de la Generalitat ha vuelto a dar el espectáculo, no hay que perder la ocasión de ponerse a la cabeza del “pueblo”, de tu parte del “pueblo”, claro, no sea que te llamen traidor. Y lo peor es que algunos encuentran normal que las autoridades catalanas descalifiquen sin más una sentencia alegando que España es una dictadura. ¿A semejantes sujetos debemos seguir considerándolos demócratas? ¿Tenemos que aguantar, encima, que nos den lecciones?

En efecto, antes de poder leer la sentencia y, por tanto, de estar en condiciones de emitir un juicio sereno sobre la misma, Quim Torra leyó un comunicado oficial con los mayores y más rabiosos insultos: “es una causa general contra Cataluña”, “no es un acto de justicia sino de venganza”, “es un insulto a la democracia”. Este lenguaje, propio de disputas banales en una barra de bar, es el que utilizó el Presidente de la Generalitat el pasado lunes.

Se lo cuento a un amigo que vive en Cataluña, nada nacionalista por cierto, y me dice: “hombre, que querías que dijera…”. Esta respuesta, que seguro compartirán muchos, indica la degradación moral a la que hemos llegado en la política. Se encuentra natural y lógico que un presidente de comunidad autónoma, que es un poder público, insulte a los titulares de otro poder público, nada menos que a los magistrados del Tribunal Supremo, por haber emitido una sentencia de la que discrepan sin dar explicaciones ni haber tenido tiempo de leerla.

Todo ello aderezado con las palabras mágicas de paz y democracia. “Somos un movimiento pacífico y democrático”. ¿En serio? Ocupan el aeropuerto, cortan carreteras y autopistas, irrumpen en las vías de tren, se concentran en el centro de Barcelona amenazando y enfrentándose a la policía. Naturalmente todo esto ocurrió tras la alocución de Torra insultando a los jueces y a nuestro Estado de derecho. ¿Por qué no hizo Torra, a lo largo del día, llamadas a la calma? Porque no podía, él los había incitado por la mañana, y porque no quería, gobernar, lo que se dice gobernar, no gobierna, lo sabemos todos, pero dedica su tiempo a protestar e insultar, incitar a las masas a salir a la calle para protestar contra una sentencia.

Pero lo que me preocupa es mi amigo, el no nacionalista, me preocupan los columnistas que a ojo de buen cubero se atreven a decir los años de condena que merecían los encausados, me preocupan los políticos que constantemente invocan el principio de proporcionalidad, algo jurídicamente tan discutible y complicado. Me preocupa, en definitiva, que nos acostumbremos a la mediocridad de los políticos y a la ignorancia de quienes opinan en los medios. Me preocupa la salud de nuestra democracia.

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