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El cierre de gobierno de Trump se convierte hoy en el más largo de la historia

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El presidente contempla declarar una emergencia nacional para apropiarse de los fondos destinados a reparar el desastre de los huracanes

Ayer era día de paga, pero sin paga. Al menos para los 800.000 funcionarios en excedencia forzosa que se enfrentan al cierre de gobierno más largo de la historia por falta de acuerdo presupuestario, que hoy supera al de Bill Clinton en 1995. Donald Trump ha decidido no firmar nada que no incluya 5.700 millones de dólares para financiar su muro y los demócratas, que ahora controlan la Cámara Baja, no están dispuestos a darle esa partida.

Muebles, herramientas, juguetes y hasta Biblias de familia han salido a la venta en eBay para hacer frente a la falta de sueldo. Hace seis meses un estudio de la Reserva Federal indicaba que el 40% de los estadounidenses no tenía ahorros para hacerse cargo de una emergencia de 400 dólares (unos 350 euros). De hecho, uno de cada cinco ni siquiera llegaba a final de mes.

El cierre de gobierno que hoy pasa a los anales de la historia ha saltado de las noticias a la mesa de los funcionarios afectados que, en el caso de los controladores aéreos, lo han llevado a los tribunales a través de su sindicato. Los 14.000 controladores aéreos que regulan el tráfico diario de 9.000 aviones son algunos de los obligados a trabajar sin sueldo al considerarse esenciales. Los demandantes lo ven como «servidumbre involuntaria», una violación de la treceava enmienda constitucional que abolió la esclavitud en 1789.

Ellos ni siquiera podrán salir al paso haciendo de 'babysitters' (niñeras), paseando perros o cortando el césped a los vecinos, como llegó a sugerir en su página web la Guardia Costera, porque siguen ocupados asegurándose de que el caos de Trump no se traslada a los cielos del país. El Congreso aprobó el jueves unánimemente retribuirles el dinero que se les debe una vez se aprueben los presupuestos, pero nadie les devolverá los intereses en los que incurrirán sus tarjetas de crédito. No son los únicos damnificados. Los agricultores empiezan a echar en falta los subsidios porque no hay quien los tramite, los científicos han dejado de trabajar en las investigaciones y pronto nadie recibirá las devoluciones de Hacienda por falta de empleados.

Los demócratas están explotando el dolor ajeno del que culpan a Trump, como el 47% de los estadounidenses. La falta de empatía del presidente ayuda. En entrevista con su amigo Sean Hannity, Trump se hizo al sufrido el jueves al recordar que él se ha quedado sin vacaciones de Navidad en Palm Beach y sin fiesta de Nochevieja. Muchos estadounidenses desearían compartir sus problemas.

La primicia que otorgó a Fox desde McAllen (Texas) tenía como objetivo levantar la fallida operación de relaciones públicas que había supuesto el viaje a la frontera, vestido con su atuendo habitual para zonas de desastre, como si la ciudad industrial de Texas lo fuera. Su carácter impredecible y errático abortó ayer otro intento negociador de su vicepresidente Mike Pence, que intentó comprar el muro a los demócratas a cambio de renovar durante tres años los permisos de residencia a los hijos de emigrantes conocidos como soñadores. El presidente prefiere esperar a que el Supremo decida ese tema para no perder la oportunidad de que le de la razón. «Estamos atascados», lamentó el senador Lindsey Graham. «Nunca he estado más deprimido sobre la posibilidad de avanzar en esto». La única salida elegante que le queda, admitió, es la más extrema: declarar un estado de emergencia nacional que le permita apropiarse de fondos sin pasar por el Congreso.

La Casa Blanca ya ha localizado el dinero en la partida que recibió el Cuerpo de ingenieros del Ejército de Tierra para reparaciones en zonas de desastre como Texas o Puerto Rico afectadas por los huracanes Harvey o María. Entre quienes le aconsejan no quemar esa baza sólo por llevarle la contraria a los demócratas está su yerno Jared Kushner, que sin embargo lo vería con buenos ojos si sirve para financiar totalmente el muro, cuenta The Wall Street Journal. Sólo el 42% de los estadounidenses ven lo que ocurre en la frontera como «una crisis», pero el cierre de gobierno se ha convertido ya en la mayor de su mandato.

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