Opinión

Debajo de lo sucio

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Frente a los corruptos, que aseguran siempre que todo el mundo está corrupto, vale la pena reivindicar a quienes hacen su trabajo con dignidad y pulcritud

Cuando visito algún instituto percibo que entre los jóvenes ha calado el discurso antiperiodismo que esparcen portavoces interesados. Para empezar, no todo lo que aparece en los medios es periodismo. El negocio se ha expandido tanto que abarca la venta por catálogo, la charcutería gruesa y hasta la pornografía emocional. Pero el periodismo sigue ahí. A un chaval que me preguntó si EL PAÍS seguía los dictados del PSOE, le invité a leerlo con atención, para que reparara, por ejemplo, en que en el día de reflexión antes de las últimas elecciones los dos únicos artículos que se atrevían a pedir el voto lo hacían para Ciudadanos. Esto sucede porque debajo de la línea editorial y los intereses de empresa hay personas, que por fortuna navegan a su vela. Lo más grave del deterioro apreciativo de la profesión periodística es que ignora que jamás en la historia tantos profesionales están siendo asesinados a sangre fría por desempañar el oficio. No hace falta irse a México, China o Arabia Saudí para contabilizar ejecuciones selectivas de profesionales.

Daphne Caruana Galizia se ha convertido dentro de un oficio alérgico a la pureza en una mártir. Los periodistas no nacieron para engordar el santoral, es la única tentación en la que no caen. Una bomba lapa en el coche de Daphne Caruana quiso zanjar las investigaciones incómodas sobre la corrupción local y el hilo de los papeles de Panamá. Para nosotros, Malta era poco más que un país al que de tanto en tanto ganaba escandalosamente nuestra selección de fútbol. Las sospechas del atroz asesinato apuntan a empresarios cercanos al Gobierno y van a llevarse por delante al primer ministro. En las calles de La Valeta se ha reivindicado ese periodismo local y puntilloso. Aquí, algunos jalean entusiasmados a los nuevos caciques que aseguran que vienen a defender las libertades perdidas mientras vetan la entrada en sus actos públicos a los medios que no se limitan a reproducir sus mentiras, sino que las contrastan, las sacuden y las desnudan. Es fácil acudir a entrevistas campechanas donde jugar al pimpón, porque de las otras entrevistas apenas ya nos quedan. Nos olvidamos a menudo de que a Hitler le encantaban los perros, así que habría disfrutado de los nuevos medios una barbaridad. Creo que te gustan mucho los perros, ¿verdad Adolf? No lo sabes tú bien…

En los últimos meses empezamos a conocer tramas infectas que señalan a grandes empresas españolas que utilizaban una red de policías para apuntalar sus juntas de accionistas. Dinero sucio, grabaciones ilegales, información turbia y compra de voluntades servían para tejer el acoso a socios díscolos o rivales peligrosos. Para aquellos que creen que la política es una rama ajena al tronco de la sociedad, bien está que se enteren de que la corrupción es una autopista de carriles paralelos. Se extiende por la vida cotidiana con idéntica potencia en todos los sectores. Las únicas excepciones son aquellos que dicen no, es decir, las personas. Frente a los corruptos, que aseguran siempre que todo el mundo está corrupto, vale la pena reivindicar a quienes hacen su trabajo con dignidad y pulcritud. Arquitectos, empresarios y periodistas los hay de todo pelaje. Pero debajo de lo sucio aún hay signos de vida decente. Lo que pasa es que apenas nadie los quiere enseñar, para no sentir vergüenza comparativa.

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