Economía

Boeing enfrenta la primera demanda por el avión siniestrado en Etiopía

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La familia de una joven activista estadounidense de 24 años considera que no fue un accidente, sino «un homicidio corporativo»

De las 157 personas que viajaban en el 737 Max estrellado en Etiopía, solo una podía redimir a todos los pasajeros fallecidos en ese y otros Boeing siniestrados por fallos del sistema. Samya Stumo era la hija predilecta de dos abogados y activistas ferozmente involucrados en luchas sociales, sobrina nieta del ex candidato presidencial Ralph Nader, a quien el mundo debe la estandarización de los cinturones de seguridad.

La familia de esta antropóloga de 24 años es la primera en demandar a Boeing en los tribunales estadounidenses y promete no parar hasta que la empresa de Seattle retire los más de 300 aviones 737 Max que había vendido alrededor del mundo. Las autoridades aeronáuticas también estarán pronto en el banquillo. Nader, que califica este accidente de «homicidio corporativo», quiere que la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés) cambie los procedimientos de certificación que permitieron a la empresa contratar a sus propios inspectores.

«Esto no fue un accidente», sostiene la madre de la chica, «sino algo que pudo haberse evitado». En conferencia de prensa, el abogado de la familia acusó a la empresa fabricante de haber apresurado la fabricación de este modelo para batir la competencia de Airbus. «Decidieron que no podían esperar el tiempo que tomaría rediseñar por completo un avión y tomaron un atajo», explicó Frank Pitre, de la firma Cotchett Pitre & McCarthy de Chicago. «Utilizaron la estructura de un avión existente a la que pusieron motores más grandes y eficientes lo que conllevaba un par de problemas: necesitaban más espacio, así que tuvieron que mover los motores hacia delante y con ello todo el tren de aterrizaje, lo que cambió la aerodinámica del aparato».

Boeing siguió encontrando atajos para ahorrarse tiempo y dinero en la fabricación de este modelo que, según la acusación, tiene la tendencia a inclinarse con más rapidez. Tampoco se molestó en entrenar apropiadamente a los pilotos, que en el caso de Ethiopian Airlines siguieron el protocolo establecido sin lograr controlar el avión. «El Boeing 737 Max 8 se dirigió en picado al suelo a cientos de kilómetros por hora, desintegrándose en pequeños trozos bajo la tierra», resumió el padre de la chica. «Fuimos a traérnosla a casa pero descubrimos que no había supervivientes. Ni siquiera pudimos traernos fragmentos de su cuerpo».

Samya Stumo no era una chica cualquiera, como su familia tampoco era una familia común. A los 16 años ya estudió un curso en Perú y decidió cambiar el mundo. A los 24 había vivido en once países. Trabajó en Barcelona con el Instituto de Salud Global, dedicado a corregir las desigualdades de salud en las distintas poblaciones del mundo, y acababa de cambiarse a ThinkWell, un 'laboratorio de ideas' de Washington dedicado a encontrar soluciones prácticas para financiar la atención sanitaria en países en desarrollo donde se la consideraba «una estrella en ascenso», dijo la empresa. «Quería estar cerca nuestra, de sus abuelos y sus tíos abuelos, en caso de algo ocurriese. Y algo ocurrió, pero a ella», explicó su padre con gravedad. «Esto no tendría que pasarle a nadie. Por eso estamos aquí».

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